🌙 Un delirio de medianoche.

  El amor es una enfermedad.



El amor es una enfermedad.

Al menos eso es lo que pienso.

Es una enfermedad extraña, porque causa felicidad, dolor, rabia, desesperación y, a veces, hasta culpa. Pero ¿qué lo provoca y por qué? Si me lo preguntan, tal vez no sepa responder. No sabría explicar cómo esta terrible enfermedad es algo que anhelo, algo que deseo más allá de ver o leer. A veces lo escribo porque calma mi necesidad de ser querida, aunque no niego que he visto lo que causa: cómo destruye a alguien con solo una mínima muestra de afecto. Porque no se necesita algo físico para hacer que alguien pierda su esencia, para quitarle las ganas de sonreír o reír.

Cuando digo que quiero ser amada, quiero que sea natural, que ocurra de casualidad, sin ser forzado. Deseo poder sentir y hasta ver ese amor; poder confiarle el brillo de mis ojos y sentirme segura en sus brazos. Tener la certeza de que no usará mi deseo de ser querida en mi contra. Saber que, al final del día, sigo siendo yo la persona a la que ama, porque yo también le hago sentir lo mismo. Tal vez un amor recíproco sea la cura de esta terrible enfermedad.

Así que podríamos suponer que lo que causa y desencadena todo esto es la desconfianza, la maldad, la inseguridad. Todo aquello que el ser humano debería evitar en el amor, pero que, contra todo pronóstico, sucede igual. Algunos lo hacen con intención y otros sin darse cuenta, al menos hasta que los síntomas se hacen presentes: te ahoga, te asfixia incluso recordar esa relación; te duele el pecho y no sabes cómo detenerlo. Las lágrimas caen de tu rostro como una cascada sin fin.

Por eso, amar debería ser catalogado como una enfermedad de alto riesgo. Algo que decidamos con antelación si queremos padecer, porque estaremos entregando en bandeja de plata nuestro corazón, nuestra esencia, esa luz por la cual nos reconocen. Imaginar que pueden arrebatarnos eso, para mí, sería equivalente a arrancarnos el espíritu: quedar como un cascarón que respira, pero sin vida, sin brillo propio, alguien monótono.

Porque, reitero mis palabras: tengan cuidado con esta enfermedad llamada amor.

Att: una escritora delirante que desea padecerla.





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